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jueves, 29 de julio de 2010

San Isidro: Deporte y Cultura, transformando realidades con sus sueños DESPIERTOS despertándonos a todos.

Resumo la experiencia de los amigos del Centro Cultural San Isidro con esta frase del poeta Rubén Darío "Pues si te empeñas en soñar te empeñas en aventar la llama de tu vida"


Ahora les dejo un fragmento de la nota que salió en la revista PIE IZQUIERDO http://www.revistapieizquierdo.com/otromundial3.html, para que disfruten los detalles de la misma.




La voz de San Isidro

Cuatro años después de la epopeya boliviana de Berlín, San Isidro no ha cambiado casi nada en cuanto a infraestructura, pero la actitud de la gente es otra.


“Cuando llegamos, muchos de los chicos no querían ser identificados con el barrio”, recuerda Fernando. Ésta era una de las zonas más peligrosas de Santa Cruz. “A media cuadra de donde se halla nuestro local de reuniones, estaba uno de los mayores expen- dedores de drogas de la ciudad. Antes había mucha violencia, pandillas”.


Hoy no. Y el Centro Cultural es un referente insoslayable no sólo para el barrio, sino para la ciudad de Santa Cruz misma. Su peso entre el resto de organizaciones sociales de la ciudad es muy importante porque son creíbles, pero sobre todo porque tienen una base social activa y funda- mental, que es el barrio.


La casa de Fernando quedó chica y ahora es sólo oficina y sede de la “Radio Bocina”: un megáfono colo- cado en la cima de una estructura metálica desde donde se oye “La voz de San Isidro”, una especie de noticiero que difunde información sobre medio ambiente, ciudadanía, actividades del centro y deportes. También producen allí un nuevo pro- grama algo más elaborado, “Cosas de barrio”, que se transmite a la par por Radio Libertad, la emisora más popular del Plan Tres Mil.
El proyecto ha crecido. La sala donde antes veían películas y hacían teatro exhibe ahora más de medio centenar de trofeos y reconocimientos de todo tipo. El oso de yeso amarillo parece un adorno más. Sus actividades se han trasladado a un enorme galpón que es propiedad de la Junta de Vecinos, de la que son el corazón mismo. Allí hacen teatro, organizan sofistica- dos ciclos de cine, pasan talleres de arte y practican lucha libre, entre un montón de ocupaciones más para las que les falta tiempo.


Entre sus anécdotas recientes está la visita de Antoine Chao, her- mano de Manu Chao, integrante del mítico grupo musical franco-español Mano Negra, que acompañó al pe- riodista Daniel Merment hasta San Isidro para grabar un programa para Radio Francia Internacional.


Los mandó Nadine, una amiga suiza que también trabaja con niños y fútbol y que llegó a Bolivia atendiendo un llamado del mismísi- mo Che Guevara, el guerrillero. Eso dice Nadine en un e-mail desde al- gún lugar del mundo: “sentía dolo- res de cabeza muy fuertes y una voz que repetía Sa-mai-pa-ta, Sa-mai- pa-ta”, que es donde finalmente se instaló el año 2002. La Higuera no estaba demasiado lejos. El caso es que Ramón Chao, reconocido perio- dista y escritor español —que entre
otras cosas prologó un libro sobre el Che— y padre de Antoine, habló con Nadine y Antoine vino, grabó y se fue (igual que Nadine, que dejó Samaipata pero no su obsesión).


Este año los chicos de San Isidro no irán a ningún Mundial. Los miles de dólares de la FIFA entraron en disputa hace mucho tiempo. Streetfootballworld, que organiza el Campeonato Mundial de Fútbol Callejero, es el brazo social de la FIFA. Igual que hace cuatro años, cuando fueron a Alemania. La dife- rencia es que no comparten ya los mismos intereses.
Cómo podrían hacerlo si ellos creen que el fútbol es sobre todo una pasión capaz de mover mon- tañas y ellos son la prueba misma. Por eso no importa si nunca más en su vida vuelven a un Mundial. Ya lo hicieron. Ya tocaron el cielo en su día. Ya fueron Maradona.


“Nosotros, los que salimos a la calle y la convertimos en nuestro espacio de lucha y supervivencia, de aprendizaje y juego. Nosotros, los que cargamos con el estigma de la indiferencia de quienes nos re- presentan. Nosotros, los que vivi- mos del aire contaminado y bebe- mos el agua de lluvia y corremos descalzos por los suelos de tierra. Nosotros, que hemos decidido ha- cer de la calle donde vivimos nues- tra cancha de fútbol, para sembrar nuestro terreno baldío de esperan- zas y hechos, de sueños y alegrías”, concluye Fernando.


Se me ocurre decirle algo así como “gracias”, pero se me olvidó calibrar su proximidad con el fútbol grande. “Mi padre, el verdadero, estuvo a punto de fichar en Boca Juniors y mi tío, mientras estudiaba para cura, jugó en las divisiones inferiores del América de Cali”, dice Fernando, ese ilustre desconocido.